Aunque llueva, aunque nieve, aunque truene, un viuda negra siempre se monta en su burra porque sabe que tras cada curva, tras cada mal rato, siempre hay una buena birra esperando. Lo que importa no es el clima, lo que importa es ese momento en el que arrancas la burra en el garaje, ese momento en el que sabes que por delante quedan divertidas anécdotas, y sobre todo la sensación de estar cruzando el país en tu hierro. Ese momento en el que el tiempo se para y solo estás tu, tu burra, y tu club. Ese club exclusivo en el que solo los que no entienden de meteorología, solo los que un día dicen que tocaron la pared del pozo azul, solo los que saben más de 80 marcas de cerveza pueden estar orgullosos de decir YO SOY UN VIUDA NEGRA.
Saludos. Jaime El aDYCto. Socio Fundador.